Prevención versus curación en enfermería

A finales de la década de 1920, las enfermeras de salud pública habían demostrado su capacidad para avanzar en la misión de salud pública, pero el campo había llegado a un punto de inflexión. A pesar de la intención de los reformadores de crear un conjunto de servicios de salud pública conceptualmente coherente y estructurado centralmente.

Este crecimiento se caracterizó por una mezcla idiosincrática de iniciativas que proporcionaban un surtido impredecible de servicios de enfermería tanto preventivos como curativos.

Las lagunas y la duplicación de servicios fueron un resultado inevitable. Aislados y descoordinados, estos organismos eran cada vez más vulnerables a los cambios en el apoyo de la comunidad y en la percepción de las necesidades. A medida que crecía la confusión, la razón de ser de la enfermería de salud pública se hizo cada vez más oscura tanto para sus profesionales como para el público.

En respuesta a ello, muchos dirigentes de la enfermería comenzaron a hacer campaña en favor de la creación de servicios de enfermería integrales y coordinados de base comunitaria. Las dirigentes consideraban ahora que separar las funciones curativas y preventivas de la enfermera de salud pública era un error, y abogaban por un modelo combinado que uniera tanto a los organismos voluntarios como a los financiados con fondos públicos.

Las enfermeras en atención general

Las enfermeras dentro de este sistema más racional serían médicos generales que atenderían a todas las personas del vecindario, en la enfermedad y en la salud, independientemente de los ingresos o del tipo de enfermedad. Numerosos estudios y proyectos de demostración desde los años 20 hasta los 40 confirmaron que tal sistema eliminaría la duplicación en la administración, el transporte y los servicios de salud.

Sin embargo, a pesar de su capacidad para demostrar que este modelo de unificación satisfacía las necesidades de la mayoría de los pacientes a los que servía, la enfermería organizada nunca pudo crear el marco institucional necesario para poner en práctica su visión.

Las circunstancias sociales, médicas y demográficas que habían creado el apoyo a su labor en la comunidad eran ahora mucho menos urgentes. Con menos inmigrantes, la disminución de las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas a menudo dramáticas y aterradoras, el creciente predominio de las enfermedades crónicas y la centralidad del hospital, la labor de la enfermera de salud pública parecía cada vez menos importante para el público.

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